En la búsqueda de la felicidad el ser humano opta por dos caminos distintos, que llevan no obstante al mismo fin:  la evasión del dolor.  Estos dos caminos son:
1-      La dureza de corazón:  insensibilidad y ausencia de sentimientos o involucramiento de las emociones ante cualquier persona o circunstancia, y
2-      El sentimentalismo: la evasión de la realidad, del dramatismo de la vida, y de la responsabilidad, a través de la sustitución de la acción por la emoción.

Contrario a lo que podría pensarse, la consecución de la felicidad es posible únicamente a través de la comprensión correcta del funcionamiento de la vida, y el afrontar las responsabilidades en su tiempo justo.
Al fallar en hacer lo correcto en el momento oportuno se  ha causado una herida que impedirá el logro de la felicidad auténtica, lícita y duradera.  Ni la dureza ni el sentimentalismo podrán concedernos lo que sólo el arrepentimiento nos puede otorgar.
Tras una falta, tanto los hechos como sus consecuencias son irreversibles. Con todo y esto hay algo maravilloso y milagroso que puede desvanecer todo sentimiento y/o conciencia de vergüenza y culpabilidad:  el arrepentimiento.
La dureza y el sentimentalismo son escapes fáciles y deplorables que alejan a la persona de la realidad, dejando toda falta expuesta a provocar sus consecuencias naturales.  La dureza y el sentimentalismo no pasan de ser salidas no viables para el transgresor, quien queda desprotegido y deja desprotegidas a aquellas personas que se verán afectadas por su falta.
El arrepentimiento capacita al transgresor para restaurar y/o restituir en el lugar donde transgredió.  El arrepentimiento le otorga la disposición y fortaleza para afrontar la responsabilidad de sus acciones y ser parte activa en la solución, restitución o restauración de lo provocado.
Ejemplo:  Un hombre con problemas familiares y laborales sale a despejar su mente y sus emociones bebiendo.  Luego toma su carro y se dirige a su hogar.  En el camino se le cruza un carro que se pasó un ALTO, y el primero no tiene la capacidad de evitar el colapso debido a su estado de ebriedad.  La persona que recibe el choque queda en silla de ruedas.
En este ejemplo ambas personas infringieron, pero sólo una de ambas quedó afectada por tal infracción.  Ambas deben arrepentirse de su infracción, perdonarse a sí mismas y perdonar al otro que infringió.

El arrepentimiento libera del peso de la culpa, dejándonos libres para concentrar nuestras fuerzas en el aquí y ahora, y poder continuar sembrando bien y mejor para un dichoso mañana.
Desde ese momento la paz del perdón me permite disfrutar el hoy.  Esto me libera del temor y me concede la felicidad que de otro modo posiblemente nunca vuelva a llegar.

Una persona verdaderamente arrepentida no se contentará con decir simplemente:  “¡Cuánto lo lamento! ¡Perdóname!”  La persona arrepentida hará todo aquello que esté en su poder para aminorar al máximo el dolor y el dramatismo de las consecuencias de lo ocurrido.
Por ejemplo (en el caso que hemos sugerido):  Hacer todos los arreglos para que la persona dañada viva una vida “cómoda”: conseguirle o darle una casa adecuada para silla de ruedas, con bañera, inodoro, cama, sala, garaje, etc.; una enfermera o sirvienta que le ayude, e incluso ver que tenga cerca tiendas que le despachen a domicilio, etc.

El arrepentimiento tiene la capacidad de amortiguar o aminorar grandemente las consecuencias de lo acontecido.
El arrepentimiento es algo que incluye a Dios en un 100%.  La persona arrepentida queda exenta de cualquier resentimiento, venganza, juicio o castigo que quisieran infligirle (las personas afectadas).  Y la herida provocada en su identidad por la falta cometida queda totalmente cerrada, cauterizada y sanada.
El arrepentimiento es un trato que se cierra con Dios, quien conoce las intenciones del corazón y no puede ser burlado.
La persona que se niega a perdonar está faltando en reconocer la soberanía de Dios y Su propósito al permitir las circunstancias, y está quedando expuesta al resentimiento, la amargura, el odio y el aislamiento que todo esto trae consigo.  Además está cerrando la puerta, quebrando el puente y obstruyendo el camino que le da acceso a la(s) persona(s) arrepentida(s) para enmendar su error.

El arrepentimiento (transgresor) y el perdón (víctima) son los dos puntos que unen el amor como un vínculo perfecto.
El que perdona queda protegido por la misma gracia, por el  mismo poder y por el mismo amor por el que queda protegido aquél que se arrepiente.
El que no perdona queda desprotegido.
El que no se arrepiente queda desprotegido.
Si el perdón o el arrepentimiento se posponen, las personas quedan expuestas a la dureza y a tener que enfrentar las consecuencias naturales de lo sucedido sin ningún atenuante por parte del amor.

El arrepentimiento y el perdón traerán a flote el orgullo, el egoísmo, la vanidad, la incredulidad y cualquier otra cosa que esté presente en nuestro interior en el momento de los hechos, derrocándolos y venciéndolos.

Escoger el arrepentimiento o el perdón es la decisión inteligente de todo aquél que opta por ser fuerte y decide vencer en lugar de ser vencido.

El que se arrepiente ha vencido.  El que no perdona ha perdido.  El que no se arrepiente ha perdido.  El que perdona ha vencido.  

Somos seres individuales bajo el cuidado de un Dios que ve: bueno y omnipotente, quien no nos dejará sujetos a las malas decisiones de otros; nos pondrá bajo Su divina protección, al tomar las decisiones correctas. 

El arrepentimiento y el perdón son la correcta decisión. 
Puede no ser nada fácil, pero es lo ideal.





P.S.
El odio irracional siempre será incorrecto.  Es racional y correcto cuando está dirigido al mal, y no a la persona que lo hizo.  Odiar irracionalmente es señal de egoismo;  odiar racionalmente es señal de fuerza y madurez.
El odio es algo sutil, que, a veces, no puede ser fácilmente identificado.  La confusión y la agresividad pueden ser síntomas. 
Lo más peligroso del odio presente, pero ignorado o negado es resultar teniendo odio invertido;  negarlo y vertirlo sobre uno mismo, por temor a odiar abiertamente al ignorar las reglas de la vida.  
Muchas veces el odio es inevitable debido a los sucesos injustos, pero aceptar el hecho nos lleva a la solución.  Al negarlo se dan los peligros más grandes.  Leer blogs relacionados: "El subestimado perdón"; "Odio"; "La culpa".
Esta lectura gratuita en inglés también puede ayudar:  "La verdad acerca de lastimarse a uno mismo":  https://www.mentalhealth.org.uk/publications/truth-about-self-harm


Canciones:
"Never gonna let you go" S. Mendez
"It´s hard to say I´m sorry"  Chicago
"The most beautiful girl in the world"  Charlie Rich
"Paso la vida pensando"  J. Feliciano
"Perdóname" Camilo Sesto
"Culpable soy yo" J.L. Rodríguez
"Don´t let it end"  STYX
"Just can´t say good bye", "Don´t wanna lose you" L. Richi
"If ever you´re in my arms again"  Peabo Bryson

Películas recomendadas: 

“A prueba de Fuego” (K.Cameron), 
“Baila conmigo” (Chayanne), 
“Sentido & Sensibildad” (Emma Thompson);  
"Los Miserables"  (Liam Neeson);  
"7 Almas" (Will Smith); 
"Lo Mejor de mí"  (James Marsden),
"En busca del Perdón"   (Michael J. Joiner)
 "Baby, come back" Player
"I´m a survivor" (Z. Williams)

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